Las consagraciones.
La consagración correcta de las herramientas, objetos rituales y lugares utilizados en el arte mágico, es fundamental para que estos posean verdadero poder.
Es regla de la magia no valerse de ningún elemento ritual que no haya sido debidamente consagrado, ya que la consagración no solamente le aporta una determinada energía a un objeto, si no que también lo protege de ser “contaminado” por fuerzas negativas. Así mismo, otro aspecto fundamental de consagrar una herramienta, es el de “dirigir” su energía hacia una función dada.
La práctica nos ha permitido comprobar que la tradición mágica no se equivoca, al considerar que existe una gran diferencia entre la virtud mágica que posee un elemento consagrado de otro que no lo está. Tengamos presente, para comprender esto cabalmente, que según la tradición mágica, los espíritus invisibles, no perciben los objetos tal como nosotros lo hacemos, sino que lo que estos perciben es la carga energética de los mismos, la cual fue dada a los objetos por quienes los han creado. Así es que un espíritu invisible (por ejemplo: un duende) no ve una silla, sino la cantidad y calidad de energía que su autor colocó en esa silla al realizarla. De este modo, un objeto que ha sido elaborado de manera noble, con elementos igualmente nobles, vibra de un modo mucho más elevado de aquel que ha sido hecho de forma descuidada y con materiales viles. Una espada, una copa o un talismán (por ejemplo) que han sido elaborados y consagrados de manera canónica, según las reglas de la tradición mágica, vibran en el astral de un modo mucho más intenso que aquellos que fueron elaborados y consagrados fuera de estas. Esto es tan así, que –como ya hemos dicho- según la magia tradicional, un mago no debería operar en sus obras de arte, más que con elementos consagrados, privándose para su labor de aquellos que no lo están. Es esta la opinión de Pappus:
“Nunca el magista debe servirse de un instrumento, ni quemar un perfume, ni usar fuego o agua que no se hayan consagrado.La consagración, es una especie de magnetización de los objetos, por el efecto combinado de la palabra y del gesto”.
Esta concepción de la magia basa en el poder de los rituales no es aceptada por todas las escuelas mágicas modernas. Algunos estudiosos de la ciencia mágica han considerado que las consagraciones y otras prácticas rituales de la magia son incensarías. Notamos una cierta tendencia propia de algunas escuelas contemporáneas de quitar de la magia todo elemento o ritual, hasta llegar a la práctica de una “magia sin magia”. Es este el caso del teosofista Enediel Shaiah quien opina que las ritualidades de la magia no operan cambios sobre la realidad si no tan solo sobre el psiquismo del operador, razón por la cual -según su entender- el mago puede prescindir de ellas a las que denomina “inútiles ropajes”.
Es un error común, en la concepción de la magia moderna, confundir magia con “psicurgia”, confundir lo mágico con lo psíquico. Una magia sin ritualidad ya no es propiamente magia.
Veamos la opinión de Enediel Shaiah, precisamente como comentarista de Pappus:
“Los perfumes sólo ejercen particular influir en el que los aspira, y que las consagraciones influyen sugestivamente sobre el que las hace o las presencia, y éste es su verdadero efecto.
Todo este lujo de purificaciones., consagraciones, días propicios, etc., etc., no nos ha resultado de empleo indispensable en nuestras prácticas, y ni siquiera hemos visto que conceda ninguna ventaja apreciable. Aun a costa de repetir lo dicho en anteriores notas, insistiremos en decir al lector, que puede en sus experimentos hacer caso omiso de oraciones, aspersiones, conjuraciones y otras ceremonias, en la seguridad de obtener los resultados que pueda obtener. Mientras la Magia no se desprenda de todos esos
inútiles ropajes, continuará siendo supersticiosa y charlatanesca, bajo el dominio, en determinada especie, de supuestos magos”
No creo necesario aclarar que aun que autores como el mencionado, consideren que es “tradicional” despojar al arte mágico de todas sus ritualidades, la magia estrictamente tradicional hace un uso permanente de estas y en especial de la “consagración”.
A modo de ejemplo de la importancia que la magia tradicional otorga a los rituales dentro de los cuales se encuentran los de consagración podemos citar la opinión de Giordano Bruno. El mago italiano en su: “De magia”, enumera las distintas prácticas que un mago debe conocer. Entre estas se encuentra: conocer “la fuerza de las consagraciones, por lo que respecta al practicante, a la oración y al ritual”.
Avala así mismo la práctica mágica dela consagración y sus virtudes la opinión de E. C. Agrippa. El mago alemán enseña la autentica opinión “tradicional” sobre las consagraciones y su regla o canon.
Para que un elemento pueda ser consagrado de manera canónica, se debe tener presente que el objeto a consagrar haya sido realizado de manera correcta “según la tradición del arte mágico”. Así es que –por ejemplo- un talismán que fuera consagrado bajo los auspicios de determinado planeta, debe primeramente haber sido elaborado de manera correcta, con los metales y los signos de ese planeta. La consagración permite – en términos alquímicos- que determinada fuerza espiritual, invisible, “coagule” en un elemento material, visible, el cual fue debidamente elaborado con este fin. En este sentido el arte correcto de la consagración es parte de la “magia magnética”, aquella que enseña el modo de “imantar” de manera correcta los elementos materiales de fuerzas espirituales. Podemos decir así que la consagración es el escalón supremo de la imantación mágica.
Veamos aquí la enseñanza tradicional sobre el misterio de la consagración según C. Agrippa:
“La Consagración es una sublimación de experiencias por la que el alma espiritual, atraída por proporción y conformidad, es infusa en la materia de nuestras obras, preparada con el rito legítimo según la tradición del arte mágico; y nuestra obra es vivificada por el espíritu del entendimiento.
La eficacia de las consagraciones se cumple por dos cosas principalmente; a saber, por la virtud de quien consagra y por la virtud de la oración y la ceremonia que sirve a la consagración; en la persona se requieren santidad de vida y poder de santificar; la naturaleza y el mérito dan la primera cosa; la segunda se adquiere por la iniciación y la dignificación, de lo que hablamos en otra parte; además, la persona que consagra debe conocer en ella, por una fe firme e inquebrantable, ese virtud y ese poder”.
Según lo enseña la tradición, la consagración correcta no es solamente aquella que es realizada según las plegarias y ritualidades correctas, si no que a esto debe sumarse el hecho de que quien consagra debe estar debidamente consustanciado con la cadena mágica a la que pertenece, poseyendo una “fe inquebrantable”. Aquí nos referimos también al tema de la “dignificación”. El mago auténtico es aquel que ha adquirido la dignidad necesaria por medio de una vida consagrada a la Luz. Siguiendo esta idea, la consagración realizada con iguales plegarias por distintas personas no posee la misma fuerza mágica. Aquel que está más cerca de la luz posee un mayor poder mágico que quien está más lejos. La forma de vida y la iniciación son el modo tradicional por medio del cual el mago alcanza la dignificación necesaria.
Las reglas de consagración no podrán ser expuestas aquí, solo diremos que para consagrar debidamente un objeto o una herramienta mágica es necesario tener en cuenta los tiempos astrológicos que corresponden a ese objeto.
Uno de los mayores errores comunes con respecto a las consagraciones es el de considerar a todas estas como perennes. A ciencia cierta, el poder temporal de una consagración, está ligado a factores astrológicos.
Dependiendo del aspecto astrológico que se elige para una consagración, se determina la duración y calidad energética de la misma. Una herramienta o un objeto consagrado en el tiempo astrológico correcto, posee una fuerza mágica inmensamente mayor a aquel que ha sido consagrado sin este criterio.
No nos cansaremos de repetir la importancia del factor astrológico en la eficacia del arte mágico. Ya E. C. Agrippa manifestaba que muchos magos se veían privados de los resultados esperados al no respetar o trabajar correctamente según los astros, así el maestro de Colonia afirma que “…muchos descuidan de hacer esto y cometen muchos errores al levantar las figuras de los cuerpos celestes y por ello se ven privados del fruto que esperan…”
Es recomendable, que quien desea profundizar en los arcanos del arte mágico, enriquezca y ahonde sus conocimientos astrológicos. Esto le permitirá mejorar su labor y realizar las consagraciones de los elementos de manera adecuada.
Por Francisco Stiglich
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