La Adivinación
Moisés y Josué echaron suertes en presencia del Señor sobre las tierras y heredades de las tribus de Israel, como Dios lo ordenara. Los apóstoles del Cristo, después de plegarias, escogieron por suertes a Matías...”
Lo cierto es que la práctica actual de la adivinación, está muy alejada de la concepción que tenían de ella los antiguos magos. La misma se encuentra vulgarizada y desacralizada al extremo. Para consultar una suerte o un oráculo, los antiguos realizaban complejos rituales de purificación, con el fin de pedir a los dioses que los favorecieran con una respuesta clara y veraz a sus inquietudes. Amén de esto, no se realizaban consultas por cuestiones triviales, ni asuntos banales, sino tan sólo por aquello trascendente e importante en la vida de la persona. En torno a cómo se deben abordar correctamente las “suertes” vale la pena volver a citar a C. Agrippa:"Hay que señalar que los antiguos no empleaban la suerte para minucias sino sólo en apremiantes casos de necesidad y gran utilidad, y con gran religiosidad, reverencia, bendiciones, ayunos, purificaciones, invocaciones, votos, sacrificios y otros misterios sagrados de las religiones.
Ello se debe a que una vez comenzadas nuestras operaciones con los ritos sagrados requeridos, atraemos poderosamente la voluntad y benevolencias divinas, y provocamos la presencia de los espíritus divinos, los cuales dirigen las suertes, y nos hacen ver una respuesta verídica a lo que buscamos. Es preciso pues, que quien actúe por suertes se allegue con el espíritu bien preparado, sin perturbaciones, sin distracciones, con gran anhelo, firme propósito e intención segura de saber lo que se quiere hallar. Además, es preciso que sea fuerte ante Dios y los espíritus celestes por su pureza, caridad y santidad, y que los invoque con esperanza inquebrantable, fe firme y santas oraciones, para tornarse digno de tener la compañía de los espíritus y de conocer la voluntad divina. Si se está preparado y dispuesto de esa manera, serán descubiertos los más grandes secretos en virtud de las suertes, y uno será vate que dirá la verdad del pasado, del presente y del futuro cuando se le consulte”.
La adivinación es un arte y una ciencia, que deben ser practicados con profundo respeto y gran fe en Dios. De hecho, la altura espiritual de quien opera, determina en gran medida la veracidad y claridad del presagio, pues la fuerza de los espíritus presentes es acorde a la espiritualidad de quienes consultan. El nivel de conciencia, la fe, la buena voluntad, son elementos básicos par obtener de las artes adivinatorias una respuesta acertada y un consejo saludable.Los errores que se suscitan en la práctica adivinatoria pueden deberse, del mismo modo, a la intervención de espíritus invisibles que manifiestan respuestas erradas y consejos falaces. Así lo afirma Agrippa, siguiendo la enseñanza tradicional de la magia:"No es preciso, pues, que la poca predicción derivada de esta clase de suertes, sea por causa de azar o fortuna, si no por que un espíritu tuvo la fuerza de poner la fantasía en movimiento, o la mano de quien arroja o tira la suerte, ya sea que esa fuerza provenga del alma de quien opera a través de una tremenda pasión, o derive de la influencia, oportunidad celeste, o divinidad o espíritu de lo alto que asiste y brinda el movimiento para la operación, o consistan en arrojar los dados o tablillas, encontrándola en versículos, como era en otrora las suertes de Homero y Virgilio...”
De este modo, C. Agrippa nos remite a otras fuentes históricas, pues al hacer referencia a los textos Homéricos, nos recuerda que también en la cultura helenística, la utilización de las suertes era muy grande. Por otra parte, estos textos son considerados en sí mismos textos, de magia escritos en clave, para aquel que pueda interpretarlos con claridad y sabiduría.
